 11 Minutos   Esto fue grabado con una WebCam:
Todo da vueltas en la habitaciòn: la alfombra, la claridad, incluso los muebles parecen caer por las paredes hacia alguna superficie plana que detenga sus volteretas. Asì nos miramos los dos sin importar què es arriba o abajo, no nos aguantamos màs y no hay màs punto de referencia que nuestros cuerpos con ojos entrecerrados dejándonos hacer en la mitad del recorrido.
Poco a poco vamos haciendo encajarlo todo, tù de pie y yo de rodillas comenzando por mi boca que busca desesperada entre tus piernas con hambre de tu pene para darle la bienvenida a mi cavidad bucal. Y los músculos de mi cara se relajan al sentir el sabor de tu carne entrando y saliendo, entrando y saliendo, penetrando suavemente y en una danza con mi lengua celebramos golosos y hambrientos de dar y recibir con exquisito movimiento. Beso tu cuerpo, tu ingle, tu bajo vientre me embriaga, me dejas chuparte, succionarte a mis anchas mientras tiernamente posas tus manos sobre mi cabeza y me presionas contra tu cuerpo que se arquea de placer mientras te lamo.
No sabemos què hacer con nuestras ropas, en el fondo nos encanta la idea de copular con ella puesta pero al final nuestras ansias de entregarnos en total libertad son mayores. Tù juegas, me coqueteas, tu sexo flirtea con mis ganas de morderlo y apretarlo con mi boca firmemente e inundada de tanto paladearte y logro arrancarte discretos gemidos de placer que se te escapan. Tus manos aùn en mi cabeza, luego en mi cara con gentileza y me pones de pie y me volteas hacia la mesa.
Me postro sobre la superficie lisa dándote la espalda primero para que te frotes contra mis glúteos, eso me exita inexplicablemente. Tus manos recorren mi espina e instintiva como hembra en celo me arqueo ofreciéndote la entrada a mi vulva que espera ansiosa recibirte para darte la bienvenida a este cuerpo mìo que es tuyo. Mi piel se eriza sòlo de desear tus finos dedos recorriendo mis labios inferiores que se inflaman para tì.
Aùn no me penetras, sigues frotàndote contra mì, masturbándote conmigo absorto en lo que ven tus ojos hacia abajo: la marca de mi traje de baño desembocando entre mis nalgas y tus manos acariciando tu falo; lo paseas por mi piel como un felino restregándose contra lo que es de su propiedad y mi boca una vez màs se hace agua.
De pronto te detienes y me levantas, con suavidad me llevas a un lado de la mesa y me pones de nuevo boca abajo, pero esta vez con tus manos en mis caderas me empujas hacia tì y con toda tu fuerza me penetras, entras en mì y alivias mi hambre de sentirte dentro. Tengo que hacer un esfuerzo por retener mi primer orgasmo, quiero y no quiero, sentirte dentro de mì en contacto con tu piel, tu calor, sentir còmo me posees y entregarme en cada arremetida de tu pelvis es arrebatarme. Mis manos descubren el borde de la mesa y aùn boca abajo firmemente me impulso hacia tì a cada movimiento y me aferro con mis piernas en el aire rodeando tu cuerpo. De nuevo se escapan tus gemidos ocultos que provocan los míos, ya no puedo resistirme a tanto placer, me dejo ir y siento las primeras oleadas que quieren llegar a la orilla después de recorrerme desde mi clítoris hasta acabar en un suspiro de alivio.
Estàs que no te aguantas, me besas la espalda, los hombros y de pronto me volteas y nos fundimos en un beso exquisito, no quiero despegar mi boca de tu boca, me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Beso cada vez la boca que deseo, una boca elegida por mì entre todas con soberana libertad, y que por un azar que no busco comprender coincide con tu boca que permanece entreabierta para que mi lengua recorra la profundidad de tus recintos, luchando tibiamente y mordiéndonos los labios mientras un aire pesado va y viene con un aroma y un silencio. Nos besamos con delicadeza y pasión como si tuviéramos una sola boca llena de flores o nuestras lenguas fueran peces nadando en una fragancia oscura; mis manos buscan hundirse en tu pelo mientras nos besamos. Parecemos niños descubriéndonos sin reproches, sin pudores, en total embeleso por todo el placer del que estamos siendo convidados mutuamente. No hay lìmites a esa emoción que sentimos, quizà antes de este tiempo ya nos habìamos anhelado.
Si nos mordemos es un dolor dulce, y si nos ahogamos de tanto absorbernos el aliento es como si tus fluidos fueran los míos, entonces en una sola saliva, un solo sabor, te deslizas hacia abajo para chuparme mis pezones, primero el izquierdo y con suavidad acaricias el otro que espera por tu boca. Los chupas tan divinamente, los muerdes, los acaricias y de inmediato y sin voluntad propia mi vulva y mi pubis comienzan a llamarte adentro de nuevo. Sin ganas de luchar mis brazos que te rodean caen sin fuerzas y me dejo hacer.
Entras en mì como entrar al hogar tibio que espera tu llegada, mi cuerpo a pelvis batiente te recibe para darnos los dos un “todoloquetùquieras” con jùbilo, lo sacas càsi por completo lentamente, siento mi vagina estrecharse y calentarse, te afincas sobre mì a cada impulso y con fuerza adentro adentro, bien adentro, de repente siento que te sueltas en un gemido susurrado, largo como un volcàn incontrolable y me das toda tu leche hasta la ùltima gota perlada, lìquido que me muero por sentir resbalando entre mis piernas cuando ya viene bajando desde mi humedad. Mientras descargas todo tu semen siento mi vagina mojarse de placer y mis piernas se abren aùn màs buscando descargar hacia fuera un torrente y aparece esa divina sensación de oleaje de nuevo, me recorre el mar por dentro y dejo que me inunde tu orgasmo en total y feliz abandono. Nos miramos cómplices, plenos y aún jadeantes nos sabemos dueños absolutos de nuestro mutuo éxtasis, un abrazo largo lo confirma. En la otra habitación la cama bien acomodada nos espera...
´Rolamala´
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