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Historia de tres



Puede que no crean esta historia, ya que cuando la escribo, ni siquiera yo misma puedo darle crédito a algo tan inverosímil. Esta es la historia de la vez que me quedé encerrada en un ascensor. Cursaba yo tercer semestre en la universidad, en esa época estaba sola (no tenía novio desde el bachillerato, y ninguno de mis compañeros me atraía de forma especial), y dedicaba el poco tiempo que me quedaba entre la universidad mi trabajo a pintar, leer o hacer cualquier otra cosa en casa. No tenía relaciones desde mi último novio, con quién tener sexo era más una obligación de noviazgo que un placer.

Ese día, como todos los días en las últimas semanas; luego de clases decidí dirigirme a mi trabajo, a pocas cuadras de distancia de la universidad. Llegué a la entrada del edificio, y observé a tres hombres que estaban entregando su identificación al encargado de seguridad, para que les permitiera el acceso a una de las oficinas. Yo pasé detrás de uno de ellos, y me empiné para saludar a Juancho, el portero del edificio, y hacerle notar que era yo quién llegaba, y que iba rumbo al trabajo. El me saludó con un “hola” amistoso, mientras me dirigía al ascensor.

Cuando entré en el aparato, los tres hombres habían acabado de presentar sus identificaciones, y se apresuraron hacia el ascensor, cuando yo, sola, estaba cerca de dejar el primer piso. Uno de ellos detuvo el ascensor con la mano, y me saludó con una sonrisa. Entraron al ascensor los tres, riendo como buenos amigos. El sonido de su risa me provocó también una risa a mí: era divertido escucharlos reír.


Se cerró la puerta del ascensor, y uno de ellos pasó la mano cerca de mi hombro para presionar el botón del 9º Piso, justo el mismo hacia donde yo iba. Al regresar su mano, dejó caer (¿sin querer?) uno de sus dedos que resbaló por una de mis tetas, subió por mi hombro y volvió a su sitio. Al hacerlo, dentro de mí se creó un sentimiento entre rabia de que me tocara un desconocido, pero a la vez un cierto fuego dentro de mí volvió a encenderse: un fuego apagado de hacía mucho tiempo.

Sin darle importancia al asunto, me dediqué a escuchar la música suave que sonaba en el ascensor, en su lento ascenso. Entre el 6º y 7º piso, el ascensor se detuvo con fuerza, y la música cesó. El aparato era muy antiguo, así que este tipo de cosas ocurrían con frecuencia. Otro de los 3 hombres, se acercó a mí y tímidamente, levantó su mano y presionó el botón de llamada. Nada. El aparato estaba muerto. Me volteé a mirar a mis acompañantes, y al mirarlos, uno de ellos hizo una mueca, y todos, en cadena, reímos un rato distensionando el ambiente. Me presenté, y ellos a mí. Les dije que esto ocurría hacía un tiempo con alguna frecuencia, pero que no tardarían en venir por nosotros. Uno de ellos puso su mano en mi hombro, y frotó mis hombros como si estuviera haciendo un masaje. Lo miré con agradecimiento, ya que ese movimiento me relajaba profundamente. El siguió su masaje, ahora con ambas manos, y movía lentamente sus dedos, que ahora se posaban en mi cuello. Le agradecí el detalle, ya que venía bastante preocupada de la universidad, compromisos, etc., y le dije que tal vez este era el momento para relajarme para poder volver al trabajo. Sin embargo, noté que su masaje además de relajarme me estaba excitando; pero era muy placentero, y no le pedí que se detuviera. Otro de los amigos, contemplando la escena,tomó mi mano y la empezó a besar, dedo por dedo… ¡Dios mío! Quise detenerme, porque sentía que estaba convirtiéndose en un gesto de amistad entre desconocidos en algo más, pero mi cuerpo no respondía… era tan placentera toda la escena, que no quería, no podía detenerme.


El primer hombre, quién me hacía el masaje en los hombros, empezó a deslizar sus dedos por la espalda, haciendo círculos por toda ella, y el segundo hombre empezó a besar mis dedos, mi mano, mi brazo… el otro hombre, un poco más tímido, tenía cada de desconcierto. Uno de sus amigos tomó mi mano y la puso en la cola del tercer amigo… el se sonrojó, y yo, sin saber porqué, empecé a masajear su culo, y acerqué mi mano a su ya bien endurecido miembro, todo, sin retirar ni una parte de su ropa. Me estaba sintiendo entrar en un placer sin límite. El primero de los amigos tomó mi blusa y la retiró rápidamente, casi en un instante, y se dejaron caer mis tetas ya endurecidas, mientras con una mano yo retiraba el pantalón de este primero, y tomaba en mis manos su miembro, al que empezaba a masturbar rápidamente.


Los otros dos amigos ya se habían quitado el pantalón, y suplicaban con la mirada que no los olvidaran a ellos. Yo cerré los ojos, y aunque trataba de ordenar mis ideas, solo podía concentrarme en una: ¡que diablos! Estaba a mil, y tenía tres hombres que también lo estaban, conmigo. El más tímido empezó a acariciarme las tetas, primero con sus manos, y luego con su lengua, mientras que otro me besaba apasionadamente y el otro ya me bajaba la falda y me dejaba en la total desnudez. Este último empezó a besarme mi ano, y con la lengua daba vueltas entre mi ano y mi vagina... ¡Estaba tan excitada, que casi ni podía respirar! Sentí que me venía un orgasmo, y empecé a aumentar mi respiración y a perder el equilibrio. Entre los tres me sostenían, y yo empecé a gemir del placer. Me besaban para que mis gritos no se oyeran, y eso me excitaba aún más. Luego, uno de ellos se sentó en el ascensor, me tomó de las caderas, y en medio de mi excitación me sentó sobre su miembro. Sentí como entraba su miembro por mi culo, y que, lejos de sentir algún dolor, sentía tanto placer como si estuviera teniendo mil orgasmos. El otro metió su cosa enfrente mío, y empezaron a moverme hacia delante y atrás, haciendo que me entrara y saliera su cosa, ¡por detrás y por delante!. Yo ya sentía un segundo orgasmo que se venía, y el tercer amigo puso su cosa en mi boca, la cual empecé a chupar, ahogando otro orgasmo, de mayor fuerza que el anterior. Luego de un rato de movimientos en el piso, mientras yo mamaba a uno de ellos, su leche empezó a correr por mi boca. ¡Era la mejor sensación que había tenido en mi vida!. Bebí ese manjar exquisito, el cual mantuve en mi boca y pasé embelesada.



Luego, se pusieron de pie casi simultáneamente los otros dos, y tomaron su miembro y se terminaron de masturbar en mi rostro, el cual estaba ya húmedo de la leche del otro amigo, y sentí como me llenaba todo el rostro de la leche de los otros dos, uno de los cuales pasó su mano y colocó toda la leche en mi boca. Mientras tanto, el otro amigo estaba ya vistiéndose, mientras yo todavía andaba enloquecida, con un dedo masturbándome en medio de esta situación. Cuando ellos hubieron terminado, permanecí inmóvil un minuto, mientras sonreía y terminaba de beber ese manjar exquisito: fruto de una aventura rápida y absolutamente impredecible.



El que primero se había vestido me pasó un pañuelo, con el cual limpié mi rostro y traté de darle una apariencia normal. Habían pasado como 40 minutos desde que el ascensor se había detenido, y había vivido la experiencia sexual más intensa de mi vida. Unos minutos después de que nos hubiéramos vestido, se escuchó que el motor del ascensor volvía a ponerse en marcha. Al abrirse las puertas del ascensor, me volteé a ver a los tres hombres, quienes me miraron y se despidieron con la mano, sin pronunciar palabra. Yo fui directamente al baño, y me compuse lo mejor que pude, para una tarde de trabajo.



Nunca volví a verlos, pero la experiencia vive en mí desde entonces, y todavía despierto, húmeda en las noches, cuando vienen a mí los recuerdos de quedarme encerrada en un ascensor. Tal vez, esto sea un motivo para no usar las escaleras…



JUANA




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