
Elogio de la locura


Todo el que nació después de 1975 ignora, entre otras cosas, lo que es ver a Santa Fe campeón y tiene -además-, que aguantarse a todos los que no se explican por qué decidió ser hincha de un equipo que desde entonces no gana torneo alguno.
Cada quien tendrá su explicación para semejante fenómeno: herencia familiar, demencia, contagio en el barrio o en el colegio, necedad, accidente, modestia, tradición, masoquismo y, en casos extremos, ganas de llevar la contraria. Yo nací en 1975 -estaba abriendo los ojos cuando jugaban Pandolfi, Cañón, Díaz y Sarnari-. Y como yo hay una tribuna entera, donde muy pocos alcanzaron a ver la accidentada campaña que nos dio la sexta estrella, la única que siempre está a reventar, sin importar que el partido sea contra el Cali o contra el Pasto: Altas Sur, la misma que canta y embellece el estadio en juegos que atentan abiertamente contra el buen gusto.
Si la gente cree en Dios y nunca lo ha visto, no me explico por qué algunos se sorprenden con la hinchada joven del Santa Fe. Sólo puedo decir que, durante el último mes, he visto volver a los del corazón que no siente, porque los ojos no ven. Gracias al Pecoso Castro y al Santa Fe de hoy, los creyentes y los profanos --incluso los sacrílegos-, han vuelto a ocupar con devoción las tribunas del Nemesio.
La Guardia sigue cantando y, muy en secreto, los santafereños esperamos el milagro que nos quite de encima a todos los que nos recuerdan cada vez que pueden la sequía de un cuarto de siglo. Yo tengo Tanta Fe que voy con religiosa puntualidad al Campín, recuerdo al Cali de 1996 y confío en el Santa Fe del 2000. Ojalá que muchos de los que han olvidado el sabor de los palos de queso del estadio, vuelvan a las graderías. Por si acaso.
Claudia Bautista
Especial para lgars.com

 |
|

santafe
 |
|
$$imgcom$$ |
|



|