
El arte de Maria Elvira Echeverri


Se clasifica como expresionista. ¿Pero qué fue el expresionismo y por qué aún persiste como guía de algunos artistas? ¿Por qué hallarle razón de ser a una obra desde una corriente que existió a comienzos del siglo XX?
Gottfried Benn proporciona una definición del expresionismo que presenta la ventaja de sintetizar las diferencias presentes cuando éstas le parecen “un alzamiento con erupciones, éxtasis, odio y sed de una nueva humanidad, con un lenguaje que estalla en pedazos para que el mundo mismo estalle en pedazos” *.
El expresionista está defraudado de la humanidad, de su carácter destructivo, auto-destructivo, destructor. La poesía, las artes expresionistas están cargadas de un peso de muerte, que se proyecta en sueños y paisajes. Se perciben relaciones humanas frágiles, ritmo frenético y embrutecedor de la ciudad, imágenes apocalípticas. Los expresionistas quieren restablecer al ser humano en sus plenos derechos y en todas sus posibilidades de realización. La reforma que desean es la del Hombre. Una reforma esencialmente ética.
¿Coincidencia con nuestro tiempo? En absoluto. El deseo de reformar al Hombre es infinito. Todavía se quiere creer en él, pues es apostar en nosotros mismos.
Maria Elvira, ha trabajado por más de siete años en la conformación de un equipo de gestión cultural que promueva el arte joven, sin embargo sólo hasta hoy se dedica exclusivamente a la pintura. De clara tendencia expresionista, desde sus estudios en bellas artes, fijó su mirada en los fenómenos de la naturaleza humana, en sus desvíos y desaciertos, en su trágico destino de terror y soledad. De paleta oscura, le da pánico el color. No es colorista. Trabaja el blanco y el negro. Trabaja a gran formato. Experimenta con los materiales: óleo, caseína, ecolín, carboncillo, lienzo, papel, madera, vinilo, materiales industriales.
Su influencia más directa es representada por el alemán Anselm Kiefer (1945), que junto con Georg Baselitz y Gerhard Richter, con la neue wilden, se dedicaron a recuperar un pasado histórico nacional rehaciendo las heridas, para reafirmar la identidad.
En su obra la intimidad del gesto provocador y dramático nos recuerdan a Munch y su Grito (1893).
Cuerpos alargados, llenos de dolor, de sufrimiento develan padecimiento, miedo, angustia. Buscan liberarse a través del estiramiento, del movimiento. No son figuras estáticas, no buscan un efecto de naturalismo al cual le huyen, pretenden alarmar, desencadenar sentidos, más que placer estético, pretenden liberar cierto mensaje trascendente. Tal como el historiador Stephan Sweig escribe al referirse a la obra expresionista es ante todo el placer, la energía y la voluntad de engendrar éxtasis, no recurre a la voluntad con objeto de lograr que vibre el alma, de producir una euforia estética refinada, sino de empujar a la acción.
Tal es el sentido de la obra. Liberar en primer lugar, y llevar a la acción como segundo objetivo.
La exposición cuenta con un guión preciso, de siete series con 25 obras: Los ojos del mañana; Mi alma en cautiverio; ¿Cuántos más?; Impresiones; Mercancía en canje; Mandalas.

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