
El Arte de la Ilustración


El arte de la ilustración
¿Cómo no reconocer en Libertad de palabra los valores que exalta Norman Rockwell con su ilustración del norteamericano promedio de los años de 1940? ¿Cómo no haberse sentido identificado con sus dibujos exaltando la llegada de los jóvenes soldados luego de la Segunda Guerra en 1945 (la llegada a casa, 1945)? Se refleja en estas ilustraciones toda la idiosincracia, toda la fuerza de una sociedad en pleno crecimiento, donde se desvelaba día a día la industrialización, el paso del campo a la ciudad, la exaltación de los valores, de los derechos civiles y la libertad tan expuesta por ellos mismos.
Pero para poder comprender el poder que ejerce este arte que es la ilustración –nunca aceptado como tal por las bellas artes- es interesante estudiar sus orígenes, para entender tal rechazo académico, y perfilar el presente de esta sugestiva expresión.
Varios eventos fortuitos convergieron en los años de 1880 para hacer despegar la “Edad de Oro” de la ilustración americana: la notable recuperación de la Guerra Civil y expansión hacia el oeste, creó una economía burguesa y floreciente. Además de los enormes avances tecnológicos en la forma de prensas de alta velocidad y técnicas modernas de impresión, del mismo modo que la invención de la paleta de medio tono que aunque cruda al comienzo, hizo finalmente posible reproducir el trabajo del artista con mayor fidelidad del original y a un mucho menor precio.
Con tan significativos avances, hubo un enorme boom de la impresión, se multiplicaron las revistas y los directores se dieron cuenta que una buena portada –preferiblemente de mujeres- aumentaba la circulación. Coles Phillips creó su “Fadeaway Girl”, la glamurosa mujer que decoró las portadas de la revista Life por varios años.
Además se desarrollaron primordialmente temas como la exaltación a la bandera y se volvió legendario el ícono del Tío Sam señalando con su dedo a la sociedad americana de J.C. Leyendecker. Y en el país del far west también se dibujaron otros héroes y así los piratas y bucaneros tuvieron su máximo exponente con Howard Pyle, uno de los más influyentes ilustradores de Estados Unidos.
Así, siempre se tocaron temas muy cotidianos y de interés muy local, por lo cual tuvieron una enorme aceptación popular, sin embargo, los ilustradores eran abiertamente ignorados y relegados por los críticos de arte. Y tal desprecio existía aunque estuvieran ilustrando las obras a grandes escritores como Mark Twain, William Faulkner, F. Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway.
Arte menor o no, hoy se ha revaluado dicha discriminación y muchas de las obras de los más grandes ilustradores ya reposan en museos (Museo de la Ilustración Americana) además de la Sociedad de Ilustradores, que publica anualmente su anuario con los mejores exponentes de la ilustración y el diseño publicitario.
Visiblemente, mientras el mundo del arte se dirige hacia la edad de la imagen generada con computador, el arte “hecho a mano” será más apreciado por sus habilidades técnicas.
Los ilustradores han capturado en pintura, lapicero y lápiz, los sueños, aspiraciones, esperanzas y miedos de un público con su enorme habilidad, pasión e imaginación.
Alguna vez se describió al periodismo como la “literatura a la carrera” ; de igual modo, se definió la ilustración como “una obra de arte en el momento del cierre”.

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